Palmera

Palmera
Palmera con Peñón

sábado, mayo 8

México, Distrito Federal

 Ciudad de México,  planicie entre volcanes eternos
llanura pantanosa custodiada por volcanes
 el  Itzla y el Popocatepetl,
 apenitas verás las cumbres nevadas que rozan el cielo,
 que rugen  de noche bocanadas de humo
y bien pudieran confundirse con tu smog de petroleo,
tubos de escape mazorcas y tripas de cochino
asadas en las esquinas de cualquier calle,
 quizás, en la Fonda del Recuerdo
donde guitarras, arpas y las voces queditas,
melosonas, susurran a los comensales
rancheras, corridos, mariachis de alegría
o de flores de la canela, Lunas que se quiebran
sobre la tiniebla o amarraditos los dos...
si nos dejan...

Amanecí esta noche sin tus brazos
arropada por un serape que compré
en el mercadito del templo Mayor
tejido con hilo de enhequén
con el dios Quetzacoatl en medio,
plagado de plumas blancas, turquesas
fucsia y amarillas
aquella mujer descalza arrollidada sobre sus talones
se pone a coser cada mañana en el telar
junto a una corte de indias nauatl, sin parar.
Dentaduras blancas que exhiben,
cada tantito,
contrastando bonito en sus rostros morenos,
melenas en trenzas de azabache,
melenas de onix al viento,
se atan los rebosos bajo el `pecho
para llevar a sus escuincles al dorso
sin que parezca una carga,
más bien ,una prolongación del tapiz,
de las manos de ellas ...

Ciudad de México, rodeada por miles
de miles de chabolas míseras ,
orgullosas de haber plantado antenas parabólicas
en los tejados
para no perderse el culebrón
de la Romo, la Castro , Luis Miguel,
mientras los ricos se atrincheran en las Lomas
con guaruras, revólver y cartuchera
que siguen fieles a sus señoritos
y se paran cuando desde el auto
a la dama se le antoja
dar unos pesos al chavito que traga queroxéno
y expulsa fuego por su boca hacia el infinito.
Pinches niños que vivían en los pueblitos de Queretaro
y soñaron vivir  en las Lomas de Chapultepec un día
soñando un porvenir de gringo que no llegaba nunca,
cuando al menos, en su  pueblo iba a la escuela
con sus cuates, no más.

 Ahora tiene el semáforo y cucharadas de licor petróleo,
que cambiará en la noche por la Cantina de Cuatemoc,
por un camastro de serapes y tal vez un vaso de pulque
que le deje bien dormido hasta el día siguiente,
 Quién sabe si pasará por los brujos, el mercado de los potingues
que sanan con murciélagos, plumas, crucifijos de un jesús morocho,
ajos, azmizlcle, toronjas
cualquier mal del cuerpo
cualquier hechizo enojado
quien sabe si para pulmones de humo, para tantos olvidados
habrá algún recetario.

 Distrito Federal de México lindo
ciudad sin leyes, policías que te multan si no les das
la mordida  que dejan  a tu elección señito,
sin trampa, sin papeleo, a las bravas
tú les das la pasta ahorita mismo
y el asunto queda en el olvido.

Avenidas infinitas sin aceras, ciudad sin paseos
tortillas de trigo, tortillas de maiz
frijolitos negros, aguacates , jitomates
miradas que te clavan, miradas que hablan mil lenguas

Ciudad salvaje y dulce
al otro lado del charco.


Virginia  8 mayo 2010




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