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viernes, junio 11

RADIO NOU

LEVANTE-EMV


Martes 15 de enero de 2008



La indignidad de Ràdio Nou



VIRGINIA MATAIX

Dos aviones trazan lìneas de vapor en el cielo rojo sobre Valencia. Regreso a casa con esa placidez que envuelve mi cuerpo y mi cerebro tras un día en la sierra de la Calderona. Seguro que gracias a mi ánimo pausado y risueño, he podido meditar en un artículo acerca de la refundaciòn de Ràdio Nou, escrito y descrito con decepción, objetividad y amargura por el consejero del PSPV en RTVV, Miguel Mazón, (publicado en Levante-EMV el 11 de enero de 2008).

Mi dominio oral de la lengua valenciana no es académicamente correcta, pero he tenido el honor de leer desde mi adolescencia a grandes poetas y novelistas, tanto valencianos como catalanes o mallorquines, llegando a comprender cada paraula a golpe de diccionario. Tan sólo porque me agrada y me estimula, no por obligación. Soy madrileña de pura cepa, del barrio de la Guindalera. Mis bisabuelos maternos de Alcoy. Mi madre vive en Barcelona desde hace treinta y cinco años. He pasado muchos veranos en Mallorca y en San Juan de Alicante. No quisiera narrar la parte de mi vida ligada al Mediterraneo, pues me haría pesada. Además, tengo otras partes que me vinculan por igual a México (donde tuve que aprender el acento y jerga) o a Estados Unidos (donde aprendí el inglés-americano). Sin embargo, sí quisiera contar, apuntalando o a modo de adhesión , el retrato que Miguel Mazón hace de una radio que conoce bien.

Me quedé sin trabajo en la antigua Radio España en Valencia, después de cuatro años como tertuliana. Empecé, pues, a buscarme la vida y me ofrecieron presentar y dirigir un programa de jazz en Ràdio Nou, Sí Ràdio, por precisión. El entonces director me conocía bien porque venía de Madrid y sabía al dedillo mi currículo. Me comprometí con él a ir soltándome en valenciano y llegamos al acuerdo de que me escribiría yo misma los guiones y los leería ante el micrófono, algo bastante usual entre locutores. Tuve la oportunidad de conocer a través del técnico de sonido a grandes músicos del jazz valenciano, Ximo Tebar, Perico Sambeat, Arantxa Domínguez, Francisco Latino y la Sedajazz (siento mucho no poder nombrar a todos). A veces, si entrevistaba a alguno, se me iba la lengua al traste y me largaba al castellano. No me hicieron ningún contrato. Era colaboradora y me enviaban un cheque por una cantidad, que obviaré, mensualmente.

O lo aceptaba o me quedaba en mi casa. Y así muchos y magníficos periodistas, guionistas, presentadores. Los fijos se han ganado el contrato por oposición. Otros, no se porqué. Claro que acepté. Sobre todo cuando se tiene un hijo, unos recibos que pagar, el colegio y el sueño de ahorrar para un techo propio. Además, no te puedes mover de la tierra donde estás por esas cosas de ir a las reuniones de la escuela y asuntos personales varios. La atmósfera en Ràdio Nou era la del rumor, de intrigas, de estar en vilo, tenso, de tedio, y de gran ansiedad. Si no hay contrato estás en vilo. No puedes ir a la huelga, no tienes derecho a seguridad social, ni a paga extra, a cesta de Navidad, ni a una baja por enfermedad o maternidad, ni a una mesa; te pueden echar cuando deseen, una indignidad. Eres, pero no eres. No puedes negarte por ejemplo a la grabación de cuñas publicitarias, que jamás te pagaban. Sí, aguantas. Aguanté lo que nunca aguanté. Como aguantan las mujeres separadas, con hijos en edad escolar, con pensiones de miseria y sin entorno familiar que pueda ampararte. Aseguro que se traga quina.

Lo peor fue cuando me ingresaron en el Clínico. Por fortuna, o por piedad, me pagaron cada mes que estuve convaleciente. Gracias al director, a la directora de producción y a una bellísima persona, la secretaria de dirección. Cuando volví, aún convaleciente, un director nuevo había tomado el poder por sorpresa. Se fueron a la calle casi todos y todas. Los que no tenían contrato, a la calle. Los que tenían contrato, a las tinieblas de algún despacho.A mí me asignaron un programa de cine. Pedí la colaboración de dos compañeros que hablaban a la perfección valenciano y expertos en cinematografía. Ellos mismos me tildaron de ser una pésima profesional por no hablar con soltura la llengua y querer hacer más un trabajo de redacción que de reportera. Pedí al director de personal que me incluyeran en otro programa o ser documentalista, tarea hecha por mí en TVE, en mi libro Maternidades y en diversos medios de prensa. El señor director de personal prescindiò de mis servicios aquel mismo día. Quise una entrevista con Jesús Wollstein, el entonces nuevo director. Jamás me recibió. Me temo que les importa un pimiento sus trabajadores. A los que allí permanecen, los fijos, intuyo, les invade el hartazgo combinado con la resignación. Como ocurre, por agotamiento y desidia, con el personal administrativo de cualquier país del mundo.

Paso alguna que otra vez delante del edificio de Ràdio Nou. No percibo la misma placidez que siento ahora. Solamente la alegría de un saludo amable y cariñoso de la guarda de seguridad. Qué gracia, nunca me dieron la tarjeta de pase. Qué indignidad de Ràdio Nou, por no decir vergüenza, señor Miguel Mazón.



*Actriz y escritora






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