Palmera

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Palmera con Peñón

martes, diciembre 28

Arrecian aires cruzados




 Arreciaba un aire  húmedo y frío de invierno , el cielo estaba encapotado de una blancura que iluminaba el barrio de San José.El escaparate de Yumai, la dueña del bazar, alumbraba en azul y amarillo los tiestos de flores de Pascua y de margargaritas en la entrada.Habían colocado la ristra de bombillas navideña sin ningún conocimiento del ritual navideño y sin dominio de la lengua española.Por un momento pensé que iba a nevar en Valencia, sin embargo una ráfaga de viento cálido barrió las hojas de la acera, desprendiendo una polvareda.No me sorprendía.En casi díez años de fijar mi destino en esta ciudad me había acostumbrado al capricho de la meterología mediterranea.Sobre todo en la particularidad de los vientos.Temblaba de frío y de indignación, dudaba entre volver a casa o ganar unos metros de calle a la deriva para expulsar la hostilidad alojada en mi carne por el daño de los demás.
   Una vecina expulsada de su trabajo por cierre de la tienda de ordenadores.La madre del compañero de mi hijo ,pleito tras pleito para conseguir la paga mensual del ex-marido, la gitana que desapareció durante dos años y vuelve a intentar leer la mano de cualquiera sin ningún éxito.Las casas vacías que no se venden.Si se pudieran vender, quizás se animaría un poco la zona.Nadie quiere perder nada para ganar algo y se culpan unos a otros entre las familias.O se trabaja mucho o no se trabaja nada.¿Qué proyecto de vida tiene Hilda? Hace díez años que vive en Valencia, se ganaba la vida como camarera y enviaba dinero a su familia en Quito.También ahorraba para comprarse una casa allá y disfrutar de su ancianidad con cierto desahogo.La echaron por cierre de negocio y no para de hacer cursillos en el Inem para ver si entra en una fábrica.
   No se da márgen a la creatividad.Al buen vivir.Supongo que los bancos no quieren bajar el precio de las casas vacías.Si perdieran, quizá los demás ganarían.Se alegraría la vida de los demás.Los desterrados de la grandeza.Los santos inocentes.
  Arreciaba un aire desabrido y el borracho se había rapado el pelo al cero.Ni siquiera insultaba a los paseantes.Se limitaba a escupir a una farola que reflejaba una aureola blanca, difuminada.Tampoco áparentaba tener frío.Empecé a tiritar, esta vez de frío.Me encogí de hombros y regresé a casa.Mañana, a lo mejor, a mediodía luciría el sol y con él un nuevo avance en un proceso tedioso para digerir.

1 comentario:

  1. Crudas imágenes de esta época, de esta Navidad, pero no por eso menos cierta. Es lo que tenemos, lo que hemos permitido. Lo mejor... Como lo has contado, como me lo has hecho ver, imaginar.
    Lo que me quedo pensando... diez años aquí y no nos hemos conocido antes.
    Será lo único que ha traído esta época, el conocernos.
    Esperemos que este año nuevo que empieza sea, un poco mejor y por lo menos, ya tenemos algo ganado, nuestra amistad.
    Un besado Amiga

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