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jueves, diciembre 2

Salvador Arias, muere mi maestro de doblaje


    
  
No encontré a nadie mejor que él.No es cierto,  Claudio Rodriguez es otro monstruo del doblaje y de la paciencia para enseñar. Me dolió que en la primera película que rodé me doblara otra actriz por orden del productor. Y entonces acudí a don Salvador Arias. El doblador del teniente Colombo. Lo primero que me dijo fue que había que aprenderse el papel, nada de leer el texto en el atril, respetar pausas y sentir. Era un patriarca, además. Una persona junto a su mujer y su hija, familiar, cercana, divertida...Aprendí algo que jamás hubiera creído, a poner la voz a Embrujada y al gordi de Bonanza. Apenas cobraba por enseñar.Su deseo era que lo hiciéramos por disfrutar, no por dinero.Porque sabía que a los productores les daba igual la calidad. Lo que querían era doblar en escasos minutos y que se encajaran las frases en los labios del actor. Y nada más.Solo dinero. Recuerdo al hijo de Alberto Closas,  como compañero del primer turno, primero y después en el segundo.Al terminar, recitaba y nos hacía recitar. Enseguida nos puso a trabajar en los estudios de Cinearte, en Madrid, pero a mí me llamaban más del cine y de la tele y solo podía interpretar papeles cortos. Que te diviertas en donde estés.



Salvador Arias era incombustible. Con 92 años seguía enseñando a quienes querían aprender la profesión de actor de doblaje y como él decía, "no se puede doblar sin ser un buen actor". Por ello impartía clases de interpretación para quien deseara mejorar de forma desinteresada, sólo porque disfrutaba de ello como nadie. Oírle recitar, con su voz grave, entonación perfecta e interpretación inigualable, a su querido León Felipe era uno de los mayores placeres y ejemplos que sus alumnos tendrían la suerte de vivir.




Pero Salvador no sólo era un amante de la voz y la interpretación, su amor por la literatura venía de lejos. Formaba parte de la historia del siglo XX. De su época en la Residencia de Estudiantes guardaba unos recuerdos y unos amigos intelectuales imborrables que formaron la Generación del 27. Rafael Alberti, Miguel Hernández, Vicente Aleixandre o Juan Ramón Jimenez formaban parte de ella. Durante los años de la guerra civil formó parte de Las Guerrillas del Teatro dirigidas por Rafael Alberti y Maria Rosa León, un grupo de teatro ambulante que no sólo interpretaba, sino que defendía la libertad en aquellos tiempos difíciles. Él siempre recordaba cómo recitaban obras de Calderón de la Barca, Lope de Vega, Alberti o Machado en algunas ocasiones ante la indiferencia de los soldados y, en otras, viéndoles vibrar con escenografías y canciones de Manuel de Falla.

Tras la época de las Guerrillas, la Alianza de Intelectuales pasó a organizar otras actividades, desde la hoy sala de Juntas del Poder Judicial, como la creación de libros, carteles, octavillas y revistas. Precisamente de aquella época surgió El Mono Azul, una octavilla que el grupo editaba semanalmente para repartirla en el frente y en la que colaboraron los más prestigiosos autores de la época.

Al terminar la guerra, Arias se fue con una compañía de teatro flamenco por Europa y no volvió hasta pasados unos años en los que comenzó a trabajar en los más prestigiosos teatros madrileños. En esa misma época comenzó con el doblaje junto a otros actores del momento. Era algo nuevo y dio voz a personajes como el comisiario de Casablanca o a Orson Welles. En los años 1940 y 1941, Franco decidió que había que doblar todas las películas para controlar los textos y se potenció el doblaje. Así nació la censura. A él le buscaron en el teatro pero puso como condición que para doblar debía de seguir interpretando, un lema que enseño a sus alumnos durante todas y cada una de sus clases.

El contaba que había doblado más de 3.000 personajes y dejó de hacerlo para dedicarse a enseñar, algo que hacía muy bien. De su escuela salieron grandes actores como Ramón Langa, Alberto Closas (hijo), Gloria Cámara, Angel Sacristán, Amelia Jara o Juan Lombardero. El lo llamaba su hobby, pero gracias a ello mantuvo su contacto con la interpretación y disfrutó de la vida con algo que realmente amaba.

Nunca olvidó su afición a la literatura, ni olvidó las clases de Preceptiva literaria que recibio de su amigo Luís Cernuda ya que pretendía ser escritor. Para la historia quedarán libros como; ‘Sonetos de vidrio y Bronce y Pueblo y poeta entre otros’….así como infinidad de artículos y poemas que , como el decía, ocupan varias maletas. El último fue ‘La Biblia en Verso’.

Salvador Arias iba a visitar Badajoz el pasado lunes para hablar sobre la figura de Miguel Hernández y otros escritores y poetas mientras participó en La Alianza de Intelectuales Antifascistas durante la Guerra Civil Española, pero no llego a hacerlo, tuvo que ingresar en el hospital de donde nunca más salió.

Todos sus alumnos, que somos cientos, le recordaremos como el hombre incombustible, bueno, culto, entretenido, irónico y sabio que con su ejemplo, nos enseñó a vibrar en una profesión que hoy en día no tiene nada de romántica pero que él nos hizo ver como algo que tiene que formar parte tu ser para sentirlo ya que, si no, nunca se podría llegar a ser actor. Gracias Salvador por haber sido tan generoso con tu sabiduría.

Salvador Arias era incombustible. Con 92 años seguía enseñando a quienes querían aprender la profesión de actor de doblaje y como él decía, "no se puede doblar sin ser un buen actor". Por ello impartía clases de interpretación para quien deseara mejorar de forma desinteresada, sólo porque disfrutaba de ello como nadie. Oírle recitar, con su voz grave, entonación perfecta e interpretación inigualable, a su querido León Felipe era uno de los mayores placeres y ejemplos que sus alumnos tendrían la suerte de vivir.



Pero Salvador no sólo era un amante de la voz y la interpretación, su amor por la literatura venía de lejos. Formaba parte de la historia del siglo XX. De su época en la Residencia de Estudiantes guardaba unos recuerdos y unos amigos intelectuales imborrables que formaron la Generación del 27. Rafael Alberti, Miguel Hernández, Vicente Aleixandre o Juan Ramón Jimenez formaban parte de ella. Durante los años de la guerra civil formó parte de Las Guerrillas del Teatro dirigidas por Rafael Alberti y Maria Rosa León, un grupo de teatro ambulante que no sólo interpretaba, sino que defendía la libertad en aquellos tiempos difíciles. Él siempre recordaba cómo recitaban obras de Calderón de la Barca, Lope de Vega, Alberti o Machado en algunas ocasiones ante la indiferencia de los soldados y, en otras, viéndoles vibrar con escenografías y canciones de Manuel de Falla.

Tras la época de las Guerrillas, la Alianza de Intelectuales pasó a organizar otras actividades, desde la hoy sala de Juntas del Poder Judicial, como la creación de libros, carteles, octavillas y revistas. Precisamente de aquella época surgió El Mono Azul, una octavilla que el grupo editaba semanalmente para repartirla en el frente y en la que colaboraron los más prestigiosos autores de la época.

Al terminar la guerra, Arias se fue con una compañía de teatro flamenco por Europa y no volvió hasta pasados unos años en los que comenzó a trabajar en los más prestigiosos teatros madrileños. En esa misma época comenzó con el doblaje junto a otros actores del momento. Era algo nuevo y dio voz a personajes como el comisiario de Casablanca o a Orson Welles. En los años 1940 y 1941, Franco decidió que había que doblar todas las películas para controlar los textos y se potenció el doblaje. Así nació la censura. A él le buscaron en el teatro pero puso como condición que para doblar debía de seguir interpretando, un lema que enseño a sus alumnos durante todas y cada una de sus clases.

El contaba que había doblado más de 3.000 personajes y dejó de hacerlo para dedicarse a enseñar, algo que hacía muy bien. De su escuela salieron grandes actores como Ramón Langa, Alberto Closas (hijo), Gloria Cámara, Angel Sacristán, Amelia Jara o Juan Lombardero. El lo llamaba su hobby, pero gracias a ello mantuvo su contacto con la interpretación y disfrutó de la vida con algo que realmente amaba.

Nunca olvidó su afición a la literatura, ni olvidó las clases de Preceptiva literaria que recibio de su amigo Luís Cernuda ya que pretendía ser escritor. Para la historia quedarán libros como; ‘Sonetos de vidrio y Bronce y Pueblo y poeta entre otros’….así como infinidad de artículos y poemas que , como el decía, ocupan varias maletas. El último fue ‘La Biblia en Verso’.

Salvador Arias iba a visitar Badajoz el pasado lunes para hablar sobre la figura de Miguel Hernández y otros escritores y poetas mientras participó en La Alianza de Intelectuales Antifascistas durante la Guerra Civil Española, pero no llego a hacerlo, tuvo que ingresar en el hospital de donde nunca más salió.

Todos sus alumnos, que somos cientos, le recordaremos como el hombre incombustible, bueno, culto, entretenido, irónico y sabio que con su ejemplo, nos enseñó a vibrar en una profesión que hoy en día no tiene nada de romántica pero que él nos hizo ver como algo que tiene que formar parte tu ser para sentirlo ya que, si no, nunca se podría llegar a ser actor. Gracias Salvador por haber sido tan generoso con tu sabiduría. Salvador Arias era incombustible. Con 92 años seguía enseñando a quienes querían aprender la profesión de actor de doblaje y como él decía, "no se puede doblar sin ser un buen actor". Por ello impartía clases de interpretación para quien deseara mejorar de forma desinteresada, sólo porque disfrutaba de ello como nadie. Oírle recitar, con su voz grave, entonación perfecta e interpretación inigualable, a su querido León Felipe era uno de los mayores placeres y ejemplos que sus alumnos tendrían la suerte de vivir.



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1 comentario:

  1. No lo conocía (No tenia información sobre el) hasta ahora. Pero conociéndote, y diciendo lo que dices, me sumo a tu dolor.
    Como comentábamos anteriormente, este invierno viene caliente.
    Animo y recuerda lo que te enseño, eso sera el homenaje que le gustaría y merece.
    Un abrazo y Animo.

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