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jueves, marzo 17

Maruja Torres, artículo sobre maestros

El fallecimiento del periodista Joaquim Ibarz ha sido objeto ya de sentidos recuerdos. En este artículo quiero reflejar su labor tomándola como símbolo de algo que el periodismo ha perdido: maestros. Desde que el concepto máster se impuso como escuela y, a la vez, como probable agencia de empleo, el término maestro se usa únicamente en los obituarios. Ya nadie aprende en las redacciones, y si lo hace es por su propia cuenta y, a menudo, amargas lecciones. Pero aquel hombre, aquella mujer que te devolvían lo que habías escrito y te exigían más, aquellos que te enseñaban cómo hacerlo, han desaparecido. Y no solo por muerte natural. No son rentables.
Joaquim Ibarz gozó de la deferencia de que sus empleadores reconocieran su valía y le mantuvieran en activo hasta el final. Se dan casos así. Conozco a algunos -me sobran dedos con una mano- que aún continúan trabajando pese a su edad, aunque no les sé en puestos de mando, sino ejerciendo corresponsalías.
    Maestros no quedan, aunque sobra gente que va dando lecciones sobre el periodismo del futuro, el futuro del periodismo, el periodismo sin futuro y el futuro sin periodismo. Ruido.
Me dan pena los jóvenes sin maestros, es decir, me dan pena los jóvenes. Y no solo en este oficio nuestro, sino en todos. Me da pena el actor que entra directamente a hacer el ganso en una teleserie y que no ha servido antes café a sus compañeros de compañía teatral. No hay maestros ni aprendizaje. No hay más que provecho inmediato.
Joaquim Ibarz, antes de cumplir su sueño de ser corresponsal en América Latina, fue jefe en varios sitios. Y no cometió un pecado mortal que hoy es rutina, un crimen habitual que permanece impune. Jamás malversó la inteligencia de aquellos que tenía a sus órdenes.

2 comentarios:

  1. Yo no se, pero creo que tu andas entre maestra y buena alumna. Pues como bien dices, ya no quedan maestros, pero al mismo tiempo, ya no quedan buenos alumnos. Tu, deambulas en ese limite, en esa frontera que hay entre un buen maestro y un buen alumno. No me refiero con “buen maestro” a alguien reconocido, con un buen jornal, con prestigio, no. Me refiero a alguien que ha sido muy buen alumno: atento, aplicado, que ha aprovechado las enseñanzas, que no solo ha aprendido la materia, sino con estas la forma de vida, la educación, el respeto.
    Esperare atentamente para ver si algún día te veo pasear por uno de esos lados, por uno de los dos bandos, así, te podre nombrar por lo que eres. De momento, escribes con maestría, demuestras tu aprendizaje y honras a tus maestros. ¿Se puede pedir más?
    Felicidades Virginia.

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