Palmera

Palmera
Palmera con Peñón

martes, marzo 15

Mi admirada BLANCA ANDREU




Ella es una poeta.Mientras le dediqué más horas a la interpretación, en la  época de los 80, Blanca Andreu se fue a Madrid desde Alicante a vivir en un Chagall , a escribir palabras luminosas donde hubo droga, pérdidas.A descubrir un amor que se ausentó.Acolocar la esperanza, la alegría donde hubiere tristeza.
 Cada vez que escucho su voz en este video, de contralto , clara, pausada y observo su rostro hermoso mediterráneo, de efigie griega, sin afeites, me devuelve las ganas de vivir  con el cultivo de la inocencia de su nombre y el aura que la envuelve.
 
 Fábula de la fuente y el caballo

                                                 A Beatriz de Laiglesia y Werner Aspenström

 

Dicen que murió un caballo.
Contaron que pasó como una sombra, que galopaba
como noticia que va corriendo
todos los días hasta la fuente -agua y sonidos blancos,
jaurías blancas y galgo crepitar-
todos los días entre la nieve y en el deshielo, sobre la
hierba de mayo, año tras año
huía de los lobos
ese caballo que ahora está muerto
atravesaba los bosques encendidos por la luna
quien lo saludaba fríamente.
Era castaño -acaso era una yegua-
ese caballo del que hablo. Nunca lo podré conocer.
Me han dicho que pasó como una sombra
que su vida no fue sino una sombra y sin embargo el caballo
                                                                                       era luz.
Era un caballo ateniense. En sus ojos brillaba el fuego
de la verdad y la beneza,
pero nadie lo conoció.
Ese caballo que ahora viene vigilante hasta este poema
con los ojos agrandados por el insomnio de la muerte,
con la mirada de mi hermano y la sonrisa de fábula
a veces miraba a los hombres,
pero los hombres no sabían prestar atención a un caballo.
Ni el sabio ni el indiferente se preocuparon de indagar.
Y así el caballo pudo ir año tras año
hasta la fuente aquella y dicen
que se hicieron compañía
durante los durísimos tiempos.
No hablaban más que de sus cosas
en un lenguaje desconocido, más misterioso que el sueco
aquel caballo y aquella fuente.
La fuente era una comadre de las que todavía quedan,
vividora, aficionada
a los chismes.
El caballo era un caballero, no puede decirse otra cosa.
Dicen que galopaba como noticia que va corriendo
a propagar la prosperidad, como un mensaje
del rojo del verano.
Y nadie lo escuchó sino la fuente, nadie supo su signo
ni su símbolo,
nadie quiso saber sino la fuente de aquel caballo color hoja seca.
En el interior de un verso sueco descansa de su soledad
y ahora ha negado a este poema antes del amanecer
con grandes ojos semejantes a los de un antiguo profeta,
con ojos que no se preguntan si fue dios quien hizo la
muerte,
con grandes ojos elevados
a la categoría de potencias.
Sueño y sendero, sangre y oscuridad
que suenan como campanadas.
Hacia dónde vuelan. De su paso no queda
vestigio alguno. Y el caballo -desde la noche- mira y aprueba
no los ojos de la desapacible
sino la última luz de una brizna de hierba.







mar mi perro?


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Di que querías ser caballo esbelto, nombre...

Di que querías ser caballo esbelto, nombre
de algún caballo mítico,
o acaso nombre de tristán, y oscuro.
Dilo, caballo griego, que querías ser estatua desde hace diez mil años,
di sur, y di paloma adelfa blanca,
que habrías querido ser en tales cosas,
morirte en su substancia, ser columna.

Di que demasiadas veces
astrolabios, estrellas, el nervio de los ángeles,
vinieron a hacer música para Rilke el poeta,
no para tus rodillas o tu alma de muro.

Mientras la marihuana destila mares verdes,
habla en las recepciones con sus lágrimas verdes,
o le roba a la luz su luz más verde,
te desconoces, te desconoces.

"De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall"1980


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Dos
Y casi espíritu de fuego, casi la empuñadura de una idea del fuego
aire de pájaro o espada, pero espía,
en tu interior hay ciervos y prodigios,
acaso un charco de oro.

"Libro de las bestias. Primer fisiólogo" 1984


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Elphistone

Es la hiedra negra, en las raíces, entre las hojas
del invierno, caídas hojas bajo la nieve, en las estrellas
del invierno, estrellas gastadas.
Yo lo recuerdo de la misma manera que el invierno
cuando con sus grandes botas pisotea la tierra,
como la sombra que divide así yo lo recuerdo
entre arbotantes y grandes maderos, en tanto el viento
escapa hacia el altar.
Yo recuerdo la luz de su fría república,
-sin duda la luna u otra materia maléfica.
Yo recuerdo su luz mientras el viento escapa
y una sombra torcida cruza hacia el altar.

Qué señor de las noches, qué guerreros, qué ausentes,
qué silencio crecido en un secreto como las ramas y
las catedrales
cuando la música de marzo tiene la verdad a sus pies.
Qué estaciones donde nada hay y ningún mensajero recuerda
aquella música lejana, aquellos ojos que brillan en la oscuridad
como dos animales vivos.
Sobre la niebla, entonces, propagaba su pensamiento
y relaciones y analogías relucían semejantes a peces,
recuerdos refulgiendo sobre el lomo del mar, huraños
pasillos de la memoria, entonces -los últimos
sentimientos, negros como la sombra en la bodega,
se saben todavía mal interpretados- qué astrolabio
y qué brújula, qué viento del noroeste
para el sombrío capitán Elphistone, para su mirada
cuando saluda a las constelaciones, el Boyero y las Cabrillas
contra el incendio de las tempestades
o bien qué mueca definitivamente fría como un hueso.
Gesto de sable pájaro, ademán de orgullo
cuando con los días contados
finges, te creces, injurias con la voz que va derecha.
Fugaces cortesías de los mares se disputan tu honor
y cierto género de noticias o silencios muy elocuentes,
espías del recuerdo las estrellas evocadoras, oleajes
de postrimerías, bendiciones, cuando
-bajo la advocación del Holandés- te desposas con el aparejo
y el viento oficiante murmura
sobre el podrido tálamo de lona
mientras que la madera entona el réquiem.

De "Elphistone" 1989


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En la India
                                                      (Loto)

-¿Quién eres tú, misteriosa
paloma vegetal de las aguas
perfumada estrella viviente?
-Cuando alza el azafrán como un monarca
su morada corona
y hace brillar su pistilo escarlata
del color de unos labios diciendo: “cosechadme”
y las lentejas de agua
y las castañas de agua
abren sus verdes ojos y pasean por el lago
yo lanzo mis raíces
a las profundidades
navego
por debajo
en un viaje de muerte
como el amor terrible
atravieso el olvido
y llego hasta la tierra sub-acuática
como a un palacio negro
y allí entro
sombrío, soberano
a comenzar mi historia
y entonces
vivo contra las aguas
desde la tierra al cielo
como el amor real
y majestuoso
subo
de la savia a la flor
y entonces soy
corazón blanco en las manos del río
soy nube anclada
de salvajes raíces
soy el suave
cordero
de las lagunas:
la rosa de Siddhartha.

"El sueño oscuro" 1994


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3 comentarios:

  1. Gracias por tu comentario Virginia.
    Primero, no conocía a esta poeta. Es muy mística y me gusta.
    Por otro lado, gracias por tus alientos. Espero que todo termine muy pronto por el bien de toda la humanidad y espero que de una vez por todas aprendamos.
    Me he alegrado mucho que digas que te he aficionado a los Haikus, es un honor para mi.
    Y si, tienes razón, Japón es mi vida. Mucho mas de lo que me gustaría, pues en verdad, me ha causado mucho mas dolor que alegrías. No se puede vivir, con el cuerpo en un país y el alma en otro.
    Gracias por tus ánimos y se que lo dices de verdad. Gracias.

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  2. Quizá te entienda, porque siempre he estado dividida entre dos paises.
    Dani, si no me nace , no escribo nada.
    He estado entre Estados Unidos y Espagna.Entre México y Espagna, entre Holanda y Espagna. Entre Valencia y Madrid.
    Desprenderme de México fue doloroso , pero se ganan otras cosas.
    Un abrazo Shiro

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  3. Querida Virginia:

    Te agradezco muchísimo esta entrada tan generosa que me dedicas.

    Me alegra mucho que te guste la poesía. Y más me alegra que te guste la que yo escribo.

    Espero que nos veamos alguna vez, cuando vaya a Valencia o tu vengas por La Coruña. Me encantaría.

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