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martes, mayo 1

Un daño reversible, artículo Levante





Un daño reversible


Virginia Mataix

Vi una rata enorme en los jardines del Turia. No tengo nada en contra de las ratas, salvo que ésta
se paseara tan campante por los matojos cercanos al parque infantil de Gulliver.  Saboreaba yo
 un helado de chocolate sentada en un banco junto a una amiga, divorciada, con problemas de
 espalda y que asiste al desplome de su trabajo. La rata entraba y salía del arbusto seguida de
 otra. Nosotras intercambiamos un gesto breve de asco; nos preocupaba más el pasado y el futuro.
 El pasado de Valencia, donde una gran mayoría otorga su voto, con fidelidad, al PP. No me lo explico.
 Mi amiga tampoco. La falta de juicio y opinión crítica de esa mayoría hace que mensajes facilones,
 reiterados y machacones vertidos durante veinte años, atrapen y cuelen mentiras como puños.
 Si eso lo aderezas con un chorreo de televisión del corazón, sumado al fútbol con la ristra de ligas,
 pues la cosa está facilona, se vota lo que se vota: ratas por los parques y encaramándose por los
 árboles sustituyendo a unas posibles ardillas.
Cada día me sorprende más la justificación de muchas personas a unas medidas que anuncian
 cada viernes negro nuestros gobernantes. Son medidas, para algunos, ensayadas en otros
 puntos de la geografía española y que se van acatando como hachazos necesarios por habernos
 gastado lo que no teníamos y porque son necesarios. Si la cifra de parados sobrepasa la de cinco
 millones, al tiempo que en la televisión pública Guardiola declara que se va del Barça, esos parados
 lloran por la pérdida de Guardiola más que por su propia pérdida de horizonte. Dentro de nada, alguien
 me dirá que las ratas que vi comiendo restos de porquería maloliente cerca de los niños eran palomas
 y que mi imaginación era un delito.
También me dirán que lo mejor para la ciudadanía es que se vayan haciendo desembolsos públicos
 en entidades financieras, lo cual ha ido a cargo de los presupuestos (genera déficit) y los más
 cuantiosos (desembolsos) a cargo de la deuda pública (no contabiliza como déficit). Me rehuirán
 la mirada o me darán alguna palmadita en la espalda cuando replique que la privatización de
 la sanidad pública valenciana venía de lejos, desde que el hospital de Alzira fuera, en 1999,
 el experimento elegidocomo conejillo de indias. Al parecer,  no se limitaron sólo a encargar
 la construcción del hospitala una empresa privada y a su mantenimiento por 30 años. Se optó
 por cederle todo al sector privado excepto la titularidad, es decir: construcción, mantenimiento, equipos, personal sanitario y no sanitario... o sea, una política dirigida al no bien común y a hacer
 negocio privado con una compañía privada de una empresa estatal, pagada por los que
 cotizan en la Seguridad Social.
   Nada, es mi imaginación, dirán. Entretanto, las ratas van siendo plaga. Mi cabeza juega a adivinar
 los hachazos del próximo viernes y mi amiga me juró que todo daño es reversible.

1 comentario:

  1. Cree a tu amiga, todo daño es reversible, te lo aseguro. Esa sensación de que se lo están cargando todo de una manera irreversible es antigua en mi, yo la empece a sentir con las privatizaciones de todo lo nuestro hace muchos años ya. Yo veía lo evidente, que privatizar lo publico sería nuestra ruina a la larga, lo veía porque otros también lo veían y nos lo contaban, recuerdo las palabras de Julio Anguita, con esa manera que tiene de contarnos las cosas, tan para que lo entendamos. El problema es que pocos quieren escuchar a los que hablan claro. Supongo que es mas cómodo creer en dios o el fútbol que en un pesado que te hace pensar y te pide que reacciones.
    Los señores del gobierno están forzando la maquina tanto que estamos cerca de un punto de ruptura, yo quiero pensar, tengo que pensar, que una vez rota la maquina vendrán las nacionalizaciones y la reversión del daño.
    He leído tu blog hoy por primera vez, esta chulo, enhorabuena.

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