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viernes, febrero 22

La visita del hechicero Draghi (art. Levante)




























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La visita del hechicero Draghi

Virginia Mataix

22.02.2013 | 05:30
 La directora de cine Isabel Coixet, en su última película pone en boca de uno de sus personajes, interpretado por Candela Peña, que estamos esperando un Batman, un salvador que nos libere de varios Joker o el macabro hechizo que nos ha impuesto el poder en la sombra. Uno de esos hechiceros apareció en el Congreso en Madrid con ese oscurantismo y secretismo en el cual se esconden: Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo. Uno de los malvados que dicta la política económica al servicio de los mercados financieros y de una unión europea bancaria y de grandes fortunas y especuladores de la deuda privada. Uno de los Joker, que impuso a los diputados la prohibición de cámaras para que no se desvelara la barbaridad que iba a largar, a modo de conferencia, con turno de preguntas de tan solo cinco minutos.
Más bien pedía el señor Draghi, vestido de Armani, que se le aplaudiera sin cuestionar su poder de estar gobernando sin haber sido votado en las pasadas elecciones. Al menos, tanto Rajoy como Zapatero, en los programas no mentaron a los problables electores que esto había dejado de ser una democracia y que si les votábamos, serían otros los que nos iban a imponer unas medidas económicas que además no ofrecen ninguna solución para salir de este embolado que ellos han creado. Un hechizo, un ora pro nobis, por narices, sin ninguna argumentación y que no solo lleva a nuestros habitantes a vivir como chinos (China reúne lo peor del capitalismo y lo peor del comunismo, así lo han montado) sino que lleva a Alemania a empezar a decaer. Pues normal, ya les tocaba a los alemanes. Después de hacernos la puñeta a los países de la periferia, no tienen nadie que les compre. Nos han hecho pobres con su hechizo impepinable económico. Pues ahora, ¿cómo esperan que alguien desposeído consuma y compre?
Voviendo al señorito Draghi, pude ver su comparecencia, merced a diputados de IU y ICV que lograron desvelar, de tapadillo, los aplausos desmedidos del PSOE, PP y CiU a un perorata que defendió la bajada de salarios, que el pueblo se fastidiara y que había que seguir luchando por la Europa unida de los bercados financieros. Ningún diputado de estas formaciones políticas cuestionó a Draghi su poder no adquirido en las urnas (además, el BCE es un organismo que debe estar al servicio de todo lo público). Solamente el diputado de IU Alberto Garzón aprovechó la oportunidad, en cinco minutos adjudicados, de cantarle las cuarenta y preguntarle «qué demonios» estaba haciendo allí sin el consentimiento popular o haciéndole responsable de llevarnos a la ruina inyectando cifras billonarias a la banca y no en créditos para ayudar a las empresas familiares y pymes. A Draghi se le descompuso la cara, se molestó con Garzón. Estos hechiceros son así, no soportan una democracia donde no todos los políticos aplauden sus malhadados económicos. 


















































































































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