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lunes, septiembre 23

Aquel ánimo del 45 art. en Levante

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Aquel ánimo del 45

23.09.2013 | 02:04

Virginia Mataix
Mi padre me llevó a ver las  colas infinitas del paro y me dijo que jamás olvidara lo que
 había visto allí, para no volverlo a repetir. Era una niña  de diez años, pero el deseo de
 mi padre, era recuperar la fraternidad y la unión de los trabajadores  que había derrotado
 la primera y segunda guerras mundiales». Es uno entre algunos testimonios de mujeres
 y hombres que sufrieron la pobreza, enfermedad y desesperación  ante la mirada
 cristalina de un hijo de minero, el director Ken Loach, en su documental  El espíritu del 45.
 Un período muy sombrío de guerras y entreguerras. Lo que ha querido reflejar es un ánimo
 de no querer repetir los mismos errores, de sensatez y trabajo en beneficio del interés
 general que empezó a arraigarse en un país devastado.
La gente quería paz, trabajo y una vida hogareña, nada más. No existía ambición, ni codicia.
 Entonces una idea fue propagándose, quizás, con más prisa que la pólvora: si habían sido
 capaces de unirse, esforzarse y ganar batallas en la guerra juntos, también podrían ser
 capaces de colaborar y construir prosperidad y bienestar común en la  paz. El Partido
 Laborista tomó fuerza y ganó las elecciones. Las clases ricas dejaron de controlar las minas,
 los hospitales, los ferrocarriles, la electricidad, las escuelas... y todo volvió a ser una cuestión 
de Estado y no de los señoritos que se habían beneficiado a costa de reventar a las personas 
de hambre y enfermedad. La generosidad de tender una mano al compañero que se ha caído
brotó como uno de los aspectos más naturales del ser humano. Fue un ánimo que gobernó
en el Reino Unido a lo largo de casi tres décadas. Pero los riquísimos saben como sabotear
la unión y fue en 1979, cuando Margaret Thatcher sedujo a la sociedad inglesa con valores
como el individualismo,  egoísmo, competitividad y beneficio privado. Destruyó lo construido.
El Partido Laborista de Tony Blair continuó abrazando la desregularización y privatización.
Les suena, ¿verdad? Quizás algún día recuperemos aquel ánimo. Nos lo merecemos.

1 comentario:

  1. El triste factor diferencial es que hoy no partimos de cero, sino que llevamos una buena carga de individualismo e insolidaridad forjada de los años de bonanza y efervescencia. Y que los de arriba controlan más que hace 68 años.Yo creo que la clave del cambio la tenemos los que por suerte no estamos arriba ni abajo, sino que vamos escapando más o menos sin lujos y sin hambre. Tenemos el poder de inclinar la balanza no sólo en las urnas sino en la actitud cotidiana.
    Abrazos desde TF.

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