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domingo, diciembre 1

No piques, Necesitamos a los sindicatos, Por Esteban Cañadas Bonil

sábado, 30 de noviembre de 2013

No piques, necesitamos a los sindicatos.



Llevamos mucho tiempo oyendo hablar (mal) de los sindicatos y, por ende, del sindicalismo.  Aunque es algo que viene ya de largo, últimamente está de moda.  Es un tema latente en los medios y en las conversaciones de cafeterías, y como en todo, se cae en las generalizaciones baratas, simplistas, inútiles y…. autodestructivas. De este modo, voy a intentar analizar el hecho en profundidad y con la mayor perspectiva posible.

Vamos a empezar por las generalizaciones, por el “todos son iguales”. No habrá persona que abogue más por la igualdad que yo, pero aquí se está cometiendo un error profundo con forma de recurso literario: La sinécdoque,  que consiste en llamar al todo por una parte. Hablamos de “los sindicatos” al referirnos a CCOO y sobre todo a UGT y lo peor es que estamos atacando al sindicalismo, a todo el movimiento obrero, a la única herramienta útil de la clase trabajadora para defenderse de los abusos del sistema actual.

Es evidente que los medios de comunicación están realizando un ataque en toda regla en contra del sindicalismo. Pero claro, esto sería imposible sin un caldo de cultivo adecuado. Y es que ciertamente, también ha habido un ataque desde dentro: Las actuaciones de los grandes sindicatos en los últimos tiempos deja mucho que desear, los logros sindicales se esfuman y es patente su sumisión-claudicación ante el Estado, los poderes fácticos y el Sistema opresor al que ya no atacan. Han sido succionados por él.

No vamos a irnos muy atrás por ahora, pero es evidente que hace unos años la situación no era así(1). En los 80 sin ir más lejos, CCOO y UGT ya eran las organizaciones sindicales más fuertes, pero solían llevar caminos muy diferentes. Los primeros eran mucho menos pactistas que los segundos, y no había duda de que CCOO era un sindicato de clase, no vertical. El papel de UGT y su camino en la transición ya estaban escrito en Suresnes, pero CCOO era un problema para la farsa socialdemócrata encabezada por Felipe González y el “dinero fácil” de la UE. De este modo, se consiguió desplazar a Marcelino Camacho y sustituirlo por Antonio Gutiérrez (favorable a la disolución del PCE y finalmente diputado por el PSOE) y su cuadrilla: Fidalgo (tertuliano habitual de las fachatertulias de Carlos Herrera, que pidió el voto para UPyD en las autonómicas de 2011 y que recientemente presentó las Memorias de José María Aznar) o Toxo (que no pone la mano en el fuego por nadie, ni por él mismo). A los poderes fácticos sí que les funciona el entrismo.

En fin, que últimamente pues, se habla mucho de maletines, mariscadas, ERES, delegados de sindicatos a favor de los recortes de las pensiones… etc. De aquellas arenas, estos lodos. Y nosotros, como tontos, picamos. Eso es simplemente corrupción y es consustancial a un sistema en el que todo se vende y se compra. Pero no es consustancial al sindicalismo, y en ningún modo justifica utilizar el “todos son iguales”.

Cambiemos ahora de perspectiva. ¿A quién beneficia este derrumbe sindical y a quién perjudica? Sólo hay que pararse a mirar en la historia y reseñar algunos logros sindicales o las huelgas ganadas en España(2). Desde  la huelga de “La Canadiense” que consiguió que España fuera el primer país europeo en instaurar la jornada de 8 horas a la reciente huelga ganada por los trabajadores de la limpieza de Madrid. Al que le cueste trabajo ver que la lucha de clases está más viva que nunca, le puedo preguntar por cuáles mecanismos tienen los trabajadores para defenderse de los abusos o si acaso duda de que la unión hace la fuerza… o directamente: ¿quién se beneficia de que no haya sindicatos que defiendan a los trabajadores? Es fácil, tú puedes.

Pero el mayor problema seguimos siendo la gente de a pie, los que nos queremos llamar “los de abajo” en vez de proletariado para que se note bien claro que somos ignorantes apolíticos. Al igual que a los grandes sindicatos, se nos ha hecho la cama. Se nos ha vaciado la sesera de ideología y se nos ha llenado de individualismo utilitarista y cortoplacista, de pan para hoy y hambre para mañana. Vamos, que hacemos lo mismo que criticamos de los políticos, y lo que es peor, lo sabemos y decimos: yo haría lo mismo. Y todo eso a la misma vez que criticamos a los sindicatos mientras somos el país que menos afiliación sindical tiene en Europa (un 15%). Encima le damos el poder a los sindicatos que no nos gustan porque es lo más útil, al igual que cuando votamos a los que nos engañan una y mil veces. Muy inteligente todo. Si dios nos hizo a su imagen y semejanza, menudo gilipollas que tenía que estar hecho.

Queremos vivir “nuestra vida” a la vez que nos quejamos de todo y no hacemos nada para cambiarlo. La premisa de que “la unión hace la fuerza” es incontestable, pero la gente no se afilia y deja que los sindicatos se conviertan en herramientas del poder (que aprovecha la coyuntura para corromperlos). Es decir, triunfa el “divide y vencerás”. No aprendemos nada.  No nos gustan CCOO y UGT,  y no es que no hagamos nada por cambiarlos, es que ni siquiera vemos que hay más sindicatos. Palos con gusto no duelen.

A todos nos gustaría ver a un sindicalismo combativo en la calle luchando contra el paro, los recortes, los desahucios… Nos quejamos de que el sindicalismo es pasivo, pero no actuamos cuando hay movilizaciones. Y las hay. Además, con nuestra actitud apoyamos al sindicalismo pasivo y dominado por el régimen. Por contra, el sindicalismo activo es minoritario y está desunido. Las Mareas, las Plataformas, o los Sindicatos, más o menos combativos, van cada uno por su lado… y la gente quejándose, va por otro. Si todos sintiésemos que una sola injusticia ante uno de nosotros, es una injusticia ante el colectivo, y nos uniésemos para no permitirla, no nos podrían hacer nada. No creo que nadie, en su sano juicio, dude de que la protesta, la desobediencia o las huelgas no sirvan de nada. El poder lo sabe y últimamente, aprovechando la coyuntura de atomización actual, está planteando la restricción de derechos como el de manifestación o el de huelga. Se requiere compromiso y unidad. 

Ahora están tan sobrados que nos quieren hacer creer que las huelgas las pueden ganar las mayorías silenciosas. Pero la batalla no ha acabado todavía. Toca mover ficha y la reciente dimisión de un dirigente sindical en Andalucía(3) no puede quedar en un simple lavado de cara o cortafuegos. Me consta que hay gente válida en las organizaciones citadas anteriormente. El mayor problema no es la corrupción, es el resto de hechos de la acción sindical reciente: no se han frenado las reformas laborales, ni la de las pensiones, ni la tasa de paro, ni los recortes en educación y sanidad. Cuando Méndez se retire de la dirección de UGT va a necesitar un potentísimo compresor para poder guardar el archivo de sus logros sindicales. Yo puedo hablar de los logros sindicales en mi comunidad y sector (Andalucía/Educación) y son nulos: no se apoyó al profesorado interino, y sí se apoyó el asqueroso Plan de Calidad; no se frena el recorte de las extras a los funcionarios; la connivencia con las políticas de la Junta por cuatro miserables cursos llega a tal punto que los grandes sindicatos tienen firmadas las propuestas de la Junta antes de que salgan a la luz...  da asco…

No cabe duda de que el sindicalismo es necesario, pero no de este tipo. Me consta que hay gente válida todavía dentro de esas organizaciones. Pero en este caso toca moverse y si sus cabecillas no lo hacen, tendrán que hacerlo ellos. Se habla de hacer un nuevo proceso constituyente y algo parecido habrá que hacer con estas organizaciones (no con el sindicalismo, claro está). Y si no se puede, como dije antes, hay más sindicatos.Ante la que está cayendo, al sindicalismo no le toca otra cosa que dar la cara. Los que ya lo hacen no salen por la tele, ésta sólo se encarga de mostrar los rostros de Toxo y Méndez, enormes por cierto.

Alguien dijo una vez que “el socialismo es la ciencia del ejemplo”. No creo que se refiriese a lo que voy a decir, pero de eso se trata, de dar ejemplo. Están volviendo aquellos tiempos del “Proceso 1001”(4), mira que somos rancios y nos gusta lo retro y lo vintage. Y no es que sea  necesario ser El Che Guevara (aunque si hubiera más Ches…), tenemos ejemplos más cercanos: Marcelino Camacho, Gerardo Iglesias, Julio Anguita, José Manuel Sánchez Gordillo, Diego Cañamero, Ada Colau…

Los ejemplos los tenemos. Habrá que echar a los malos y seguir a los buenos. Cuantos más mejor… todos unidos… en la lucha de los derechos de todos y todas los trabajadores y trabajadoras.  Hoy más que nunca: ¡¡ Viva la lucha de clase obrera !!

(1)http://elpais.com/diario/1983/02/16/economia/414198001_850215.html
(2)http://www.lamarea.com/2013/11/17/las-huelgas-que-se-ganaron-en-espana/
(3)http://www.20minutos.es/noticia/1992111/0/dimite-secretario-general/ugt-andalucia/francisco-fernandez-sevilla/
(4)http://ccooweb.es/915-proceso-1001.html


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