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sábado, febrero 8

GALlardón contra las mujeres, art. Levante


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Gallardón contra las mujeres

08.02.2014 | 01:40
Virginia Mataix
Gallardón gastaba fama de culto y avanzado entre un público de la progresía. Solía aparecer en debates cruzados entre PP y PSOE y mostraba un tono como de señor de derechas inteligente y civilizado. Nos ha salido rana. Sobre todo a las mujeres. En pleno 2014 , luciendo su título de ministro de Justicia, no ha parado hasta situar los derechos de la mujer en el franquismo. Es una dentellada más de este Gobierno amparado en una mayoría absoluta que desoye a la mayoría del pueblo. Incluyo, por supuesto, a votantes del PP decepcionados con estas políticas tan regresivas. De hecho, aunque intenten convencernos de lo bien que lo están haciendo, sería conveniente recordar que han fracasado en Eurovegas, en el euro por receta, en los cacareados Juegos Olímpicos y en la privatización en Madrid de la sanidad pública. Eso sí, los bancos andan muy contentos. Se les inyectó dinero público, están a rebosar, ganan y ganan, y no solo no lo devuelven a las arcas públicas para que se creen puestos de trabajo, por ejemplo, si no que la estafa de las preferentes tampoco tiene pinta de que quieran enmendarla.
Mientras, el PP a lo suyo, de conferencia electoral en Valladolid para hacer lo contrario de lo que dice. O negar cualquier fechoría en la trama Gürtel. O negar a las mujeres un derecho sobre sus cuerpos y sus vidas. Gallardón ha hecho que recuerde la  película Abortar en Londres (Gil Carretero, 1978) donde interpreté a una joven trabajadora, de un pueblo castellano que se queda embarazada de su novio, quien rechaza casarse con ella. Comienza entonces un itinerario hacia parteras y curanderos por la falta de recursos económicos hasta que la hermana mayor (Lola Herrera) pone el dinero y decide que es mejor que viajen a Londres y le practiquen un aborto en una clínica legal. Recuerdo que la moralina misógina de aquellos años era la de culpabilizar a la mujer, tanto por haber cometido «actos impuros» y no casarse virgen, como por «matar al feto». En el guión original, mi personaje moría en la mesa del quirófano en Londres. Pude convencer al productor, Arturo González, y al director para que viviera, liberarla de toda congoja y que pudiera emprender una nueva vida trabajando en Inglaterra. No me extrañaría que reestrenasen la película. Qué pena.