Palmera

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Palmera con Peñón

lunes, julio 28

EL PATIO TRASERO en Valencia


  Sentada en la terraza de un pub histórico con una querida amiga a eso de las ocho de la tarde, se nos hizo imposible charlar. No era por la estridencia de la música de jazz, ni por las voces en grito de la clientela. Una plaga de moscas verdes y otros insectos diminutos se lanzaban sin piedad sobre nuestros cuerpos más a la intemperie por el calor pegajoso valenciano. El pub resiste desde hace treinta años junto a su dueño y ha atravesado de modo estoico los vendavales del curso del tiempo. Y a pesar de la plaga de insectos que domina este verano al vecindario, la suciedad, las flores blancas que escupen los árboles junto a las basuras apiladas alrededor del contenedor, los dueños se defienden. ¿Quién iba a decirme a mí que iba a revivir la misma atmósfera, los mismos acontecimientos que viví en Malabo treinta años atrás? Lo único que faltaba era el paisaje de mujeres en cuclillas con sus niños gritando a la puerta de sus chabolas mientras los maridos o los ancianos parientes morían en el interior de tifus o de fiebre amarilla, debido a esos mosquitos que se mueven en aguas podridas.
  Los negros pasean su mercancía y los rumanos, niños y viejos hurgan en los basureros. Nos vamos acostumbrando a la anormalidad. Buñuel, quizás hubiera tenido que volver a rodar una película sobre las nuevas Hurdes de este país. Guinea Ecuatorial, cuando dejó de ser española se convirtió en tierra de tribus que fueron sucediéndose en golpes de estado. A mí me tocó el de Enguena a punta de metralleta. Y sin embargo el día anterior los parientes de Enguena nos habían proporcionado víveres y atrezzo para la película "bandera Negra". Durante los días que permanecímos en aquella pocilga de tierra, no pudímos ducharnos, tan solo salía un pequeño chorro de agua, no potable, del grifo, que aprovechábamos para hacernos el lavado del gato y si  había suerte, los cooperantes españoles, nos invitaban a sus casas medio derrumbadas y nos lanzábamos a la piscina con dos palmos de agua sin depurar para sentir algo de limpieza.
  Me pinché con un clavo rodando una de las escenas en las que el "malo" me perseguía. Fue un drama. Los médicos solo recibían antitetánica una vez a la semana a través de las aereolíneas Iberia. Por fortuna al día siguiente llegó. Pero el susto de todo el equipo era, que la única vacuna que no nos habían inyectado en Madrid fue la antitetánica. No cogí el tétanos. Pero me picaron unos mosquitos que dejaron unas cicatrices durante dos años en mis piernas.
  Valencia, está asquerosa. No hace falta trasladarse a la selva, o a cualquier lugar del llamado tercer mundo. Lo tenemos aquí. Ya somos uno de los patios traseros mundiales para que otros en Estados Unidos puedan vivir mejor. Así se lo decía el personaje de la Cía al personaje que encarnaba Jack Lemon en "Missing" (de Costa Gavras) : " Pero ¿Usted qué se cree? ¿Qué podría llevar su standard de vida, de americano medio si no creáramos muertos y pobreza en otros países?".

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