melancolia egon    
                Cómo se puede escribir hoy en día un texto romántico si no existen los contestadores automáticos con botón que activar cuando entras a casa y te desnudas esperando oír su voz, si no hay cartas en el buzón escritas con su letra desordenada, si igual no hay ni buzón.
                  Cómo se puede escribir sobre esa frase que te ha dicho haciendo fuego en tu estómago si hay que leerla a través de una pantalla con emoticonos. Cómo se puede saber si sonríe con tu propuesta si no oyes el temblor de voz, si no sientes cómo se ahogan en susurros las palabras cariñosas en la garganta.
                  Cómo sabemos que ayer pensó en ti si no se puede decir por aquello de la dignidad que un imbécil inventó para joder las historias más espontáneas.
                  Cómo, cómo se puede escribir sobre el sonido de sus pasos hacia la cama si las prisas lo convirtieron todo en un empotrar contra la pared como si el buen sexo fuera una escena del porno más rancio de los noventa.
                   Cómo podemos decir que tienes ganas de llorar si ya nadie parece merecerlo, si ya hasta el amor no correspondido se ha convertido en una responsabilidad racional por nuestra parte que está mal visto expresar. Cómo podemos desahogarnos si eso es de idiotas.
                   Cómo podemos escribir sobre chimeneas si en realidad son estufas eléctricas, soñar con que te escribe un guiño en un posavasos si ese cartón con marca de cerveza lo sustituye un cristal de diseño. Cómo decirle que te espere un poco más si hay diez como tú que llegan antes. Cómo marcar tu ritmo a caballo si el resto se atreve a caer sin red. Cómo esperar nada de nadie si vamos a culpar a tus expectativas, cómo vamos a dejarnos llevar si es mejor hacerse de rogar. Cómo vamos a dejar de maquillar la mirada si hay cientos de lápices de ojos que te prometen la inmediatez del brillo artificial.
                  Cómo podemos escribir poemas si eso es de mediocres, de intensos, de vulgares que van de poetas.
                  Cómo se puede hoy escribir sobre un sentimiento antes de que sea juzgado, mordido y destrozado por los guardianes de lo práctico. Cómo exponerte en público con cara de enamorado si la debilidad impide defenderlo con orgullo
                 Cómo se puede necesitar a alguien si eso es un castigadísimo amor romántico, una muestra de infantilismo y una frase del siglo de las luces.
                 Cómo querer prepararle café si eso te sitúa en desigualdad, cómo desear ningún deseo que no haya sido abolido por la prudencia.
                  Cómo escribir un texto romántico que no sea rumiado con desprecio y tratado como si los sentimientos fueran únicos, dibujados en serie, sin matices, sin sostenerse intransferibles. Cómo escribir un texto de amor hoy sin sexo anal, sin corridas y sin liberación absoluta de prejuicios y pudores. Cómo se puede ser una mujer sin un libro de instrucciones escrito por un hombre o por otra mujer. Cómo parecerte en algo a alguno de esos dos. Cómo ser desobediente, descarada y libre. Cómo…
                  Cómo encontrarte frente a frente con él ante el espejo y ver un reflejo de complicidad que ya no devuelve la cotidianidad, cómo poner una canción y no necesitar explicarla. Cómo compartir solo con una persona tu cuidada piel pudiendo exponerla a miles a la vez. Cómo sorprender a esa persona a estas alturas. Cómo se hace el amor hoy. Cómo es la palabra explícita solo en su aliento.
                  Cómo hacemos para bajarnos la luna nosotros mismos sin escalera, sin que te empujen desde el culo, sin que te digan “Tú puedes”, sin expectativa de abrirle el lazo y descubrir la luz de semejante regalo.
                   Cómo es no competir sino preferir. Cómo es una falda resbalando sobre las piernas si la primera imagen es ya sin ella.