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miércoles, noviembre 11

La presión al periodista (artículo de Antonio Maestre)

  
 Es un periodista con el cual suelen tomarla otros periodistas y algunas personas de twitter. Pero no le escuece denunciar verdades como puños. En este artículo en un periódico de socios cooperativista La Marea, es , por lo general donde suelen escribir grandes periodistas comprometidos...pero como Maestre dice, hasta cierto punto. Un día puedes salir despedido. Como Miguel Angel Aguilar, periodista económico dedicado toda su vida a escribir en EL PAIS, que ha sido despedido por declarar que la prensa en esta España nuestra está bastante "controlada".
 

La presión al periodista en los medios enjambre

noviembre 11, 2015
He sido camarero durante 11 años. Desde los 16 hasta los 27. Ha sido la profesión con la que más años he cotizado a la seguridad social. Así que si nos ceñimos a los datos de la estadística esa es mi verdadera profesión. No tendría ningún problema en volver a hacerla si esto del periodismo un día se seca. Es quizás esa libertad de la ausencia de miedo a a pérdida la que me da una total independencia para ignorar cualquier intento de presión del que se siente con una pizca de poder sobre mi trabajo de periodista. En el fondo tengo asumido que con mi falta de prudencia mi futuro está escrito, y no es el de escribir. Es cuestión de tiempo. Un día tocaré al que no se puede tocar y se acabó para mí. Lo sé.
La llamada al jefe para que dé un toque a ese redactor que habla de más es habitual en los medios de comunicación. Yo la sufrí en un medio y me sirvió para dejar aquel trabajo y volver a la barra. Pero el poder de la llamada sólo sirve cuando en el otro lado hay un jefe sensible a ese tipo de presiones. De nada sirve llamar a la jefa cuando ésta no piensa ceder ni un ápice a las ínfulas de una jefa de prensa con prácticas de la vieja política.
Pero quien se siente con un poco de poder y tiene muchas cosas que no son escrúpulos buscará otras maneras para intentar influir en un medio de comunicación y silenciar a aquellos que le resultan incómodos. En los grandes medios el poder se ejerce de manera jerárquica, con una llamada, con una sanción ejemplar para el que saca un poco la cabeza y al cortarla sirve de ejemplo para el resto, con la simple censura del director. Es muy sencillo para el que tiene el poder económico del medio ejercer ese poder sobre lo que debe o no debe publicarse. Pero existen otros medios de comunicación blindados ante este tipo de presiones. Medios cooperativos, medios que dependen de sus lectores, de sus socios, de pequeñas aportaciones. Los medios enjambre.
Pero es inocente pensar que esos medios con poca capacidad económica están libres de presiones e intentos por cercenar su libertad de expresión. Hay formas, e intentar explorar todas ellas es una manera de ejercer esa presión. Se puede difamar, poner en duda la credibilidad, hacer creer que hay un mecenas interesado, influir en los microdueños para convencerlos de que ese proyecto en el que participan no es lo que creen y está contaminado. Quejarse de un periodista en los órganos internos del medio, a los jefes, a los encargados de gestionar el diario, a los lectores.
Estos aspirantes a directivos del IBEX, que no dudarían en levantar el teléfono y pedir una cabeza de un periodista si tuvieran la posibilidad, tienen una práctica común. Exigir su condición de micropoder. Una de las prácticas más comunes que utilizan estos personajes es exhibir su posición para dar legitimidad a la crítica o argumento: “Soy suscriptor, y como sigáis publicando estos artículos contra mi partido me daré de baja”. Esa es la más habitual. Pero no la única.
Hace poco un miembro del Consejo Ciudadano de Podemos en la Comunidad de Madrid, Miguel Álvarez Peralta, utilizó una cuestión societaria de la cooperativa de La Marea para intentar influir en la línea editorial del periódico. Además, se utilizaron herramientas de coordinación del partido al que pertenece para poner en cuestión el trabajo de los compañeros y el mío propio con una campaña de difamación en las RRSS que anteriormente había sido usada en los órganos internos de la cooperativa con escaso éxito. El señor Miguel Álvarez envió una serie de correos pidiendo recuperar su capital social debido a su situación económica para posteriormente argumentar que estaba financiando un medio en el que no creía. No le gustaba la línea editorial contra Podemos, que según él, se mantenía. Para explicarlo contrapuso varios artículos de información sobre IU con otros de opinión sobre Podemos para trasladar la idea del diferente trato que se da a ambas formaciones.
Varios de esos artículos que Miguel Álvarez envió a los socios para quejarse de la profesionalidad de los trabajadores del medio de comunicación eran míos. No le gustó mi artículo titulado “El ‘fascismo cool’ de Pablo Iglesias” porque dice que le llamo fascista -compadezco a sus alumnos de periodismo- y lo utilizó para presionar frente a quien tiene el poder sobre mi sueldo.
Utilizó órganos de gestión interna para quejarse de mi labor, de mi trabajo y profesionalidad, sin siquiera darme opción de defenderme. Si los socios a los que trasladó la queja hubieran considerado que este miembro de Podemos tenía razón podían haber pedido que dejara de colaborar. Que mi labor como periodista no era la adecuada. Que eso no haya sucedido sólo ha dependido del criterio de los socios que no creen que esa crítica sea fundada y del criterio de los responsables de la redacción que saben que es completamente infundada. Pero desde luego no ha sido por aquel que sabiendo que tenía una pequeña cuota de poder ha intentado influir para posicionar a favor de su partido la línea editorial de un medio, e intentar que un periodista, este periodista, pueda perder su trabajo.

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