VALOR DE USO Y VALOR DE CAMBIO EN EL FUNCIONAMIENTO INCONSCIENTE DEL PSIQUISMO

En el campo de lo social, en estos tiempos convulsos que corren, hay un resurgir de las viejas utopías de igualdad; precisamente por el desequilibrio existente en franjas del planeta entre los más ricos y los más pobres. Las consignas marxistas tienden a imponerse a través de movimientos sociales y políticos (Syriza, Podemos, MVR de Venezuela,…). Se pretende abolir la desigualdad y abocar por sociedades más justas e igualitarias y en las que las dialécticas del amo y el esclavo queden suprimidas.
En el campo del funcionamiento psíquico hay una tendencia similar, la de borrar diferencias entre cada uno de nosotros y los demás de la relación. Léase pareja, relaciones paterno filiales, etc. La pareja está hoy en cuestión en una gran parte de nuestra sociedad occidental. En la búsqueda de nuevas fórmulas o modelos de la misma, subyace una dosis de “pretendida igualdad”. En cuanto a las relaciones de los padres con los hijos el ideal igualitario rompe las reglas de intercambio, produciéndose como efecto frustración y/o sufrimiento en una de las partes y en la otra inseguridad y baja autoestima.  
Fuera del marco de la familia, de los amigos… nos damos de bruces con la diferencia, léase: emigración, creencias y prácticas religiosas diversas, ideales políticos.
Habría alguna relación entre la búsqueda de la igualdad en lo social y la búsqueda de la igualdad en las relaciones personales?. La vuelta a las premisas de Marx apuestan por esa sociedad justa e igualitaria. ¿Es ello posible?. Las concepciones del psicoanálisis y su teorización del inconsciente suponen una quiebra a la pretensión igualitaria.
A modo de repaso recordemos algunos conceptos claves de las teorizaciones de Marx y de los efectos del inconsciente en el funcionamiento del psiquismo. ¿Es posible la utopia de la igualdad? ¿ qué es lo que la impide?.
Algunos conceptos de la economía marxista
Imaginemos un escenario: en la plataforma del mismo hay un dibujo que representa una sociedad igualitaria por medio de la imagen de la justicia portando la balanza equilibrada y un rico capitalista que está repartiendo dinero a sus asalariados. Como telón de fondo se dibuja un idílico paisaje en el que hay buen “rollo” entre capitalista y obreros. En uno de los dorsales del escenario hay representada una escena en la que no se sabe quién es el capitalista, o quién el asalariado; es un neutro que ilustra el borramiento de las diferencias. En el otro dorsal hay palabras escritas: valor de cambio, valor de uso, mercancía, valor de una mercancía, trabajo humano, fuerza de trabajo, concepto de plusvalía y otros…. Recordemos algunos de esos conceptos que Marx utilizó en su teorización del Capital.
Mercancia: Es la forma elemental de producción del régimen capitalista.
Sus características son: valor de uso, y valor de cambio
¿Qué es el valor de uso?
La mercancía debe tener una utilidad y ese es el valor de uso. La mercancía ha de satisfacer una necesidad; puede ser una necesidad primaria (alimentación, vestido, vivienda…) o de otro tipo.
Lo que plantea Marx es que las mercancías no son comparables por su valor de uso, pues es evidente que el uso es diferente porque su materialidad también es diferente. Pongamos un ej: para entender esto. El arroz ( cantidad) y el petróleo (cantidad) satisfacen necesidades distintas y tienen cualidades distintas.
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Introduce ahora Marx el concepto de intercambio de mercancías. Y la pregunta que se suscita es. ¿Qué es lo que hace que una mercancía se intercambiable por otra?. Por ej: el arroz por el petróleo?.
Para ello recurre al concepto de,
Valor de cambio. ¿Que quiere decir valor de cambio?… Que los bienes son intercambiables entre sí solo porque poseen algo en común. Ese algo no puede ser buscado en la materialidad de las mercancías. Para Marx, los múltiples bienes que circulan en el mercado capitalista poseen en común una calidad, que es ser productos del trabajo humano. Y es aquí donde da un salto para explicar su teorización sobre la fuerza del trabajo humano y las repercusiones que va a tener en el entramado de la producción y del intercambio de los bienes como mercancías en el mercado de trabajo. El valor de cambio, dice, se mide por la cantidad de trabajo que es necesaria para producir un determinado bien, cantidad que, a su vez, se establece por el tiempo de trabajo o duración de la actividad productiva. Cantidad y tiempo de trabajo son los ingredientes para producir un producto, y éstos son los que va a permitir distinguir una mercancía de otra, ( ni siquiera un ápice de valor de uso).
Valor de una mercancía. Está determinado por el promedio de la cantidad de trabajo necesaria para producir una mercancía en determinada sociedad y no por la cantidad individual de trabajo que determinado productor invierte en producir un bien dado.
– Desde este planteamiento podemos establecer la ecuación siguiente:
Trabajo humano = gasto de fuerza de trabajo.
Plusvalía . Se basa en los conceptos anteriores. El punto principal de la teoría de la plusvalía es que la fuerza de trabajo es una mercancía más en el mercado. Y que hay un trabajo de más que no está pagado. La plusvalía tiene dos caras, pérdida por parte del obrero y beneficio por parte del capital de producción ( capitalista industrial). ¿Pero dónde aparece ese resto no pagado? Responde, …En la acumulación de capital. La plusvalía aparece pues del lado del capital, es el beneficio.
De acuerdo a esta lógica, el capital cada vez aumenta más y más. En cambio, del lado del trabajo, lo que aumenta es trabajar y trabajar más. De ahí es por lo que Marx ideó la utopía de la sociedad comunista, que no funciona. ¿Por qué no funciona? Porque el capital genera inversión; la plusvalía sirve para reinvertir.
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Si no funciona la utopía comunista es porque se da la paradoja de que si al obrero se le incita a recuperar la plusvalía, se le incita a ser capitalista. Y por tanto tendrá que volver a reinvertir. Lo que implica que no puede estar en el goce que anhelaba, ya que no puede acumular todo el capital para sí; el beneficio individual que anhelaba para si mismo de los beneficios del capital, se le escapan como por un caldero sin fondo a no ser que se vuelva a restablecer la cadena productiva. Para ello se tendrá que volver a invertir, para seguir produciendo y para generar de nuevo fuerza de trabajo   que ya no puede realizar solo por si mismo en la larga cadena de producción.
Algunos conceptos sobre el inconsciente
Ahora repasemos algunos aspectos de lo que se entiende por inconsciente. Freud fue el gran teorizador del Inconsciente. Por ello para nosotros es difícil tarea sintetizar su comprensión dada la complejidad que implica. Pero para abrir un poco la ventana a este concepto, podemos establecer algunas definiciones aproximativas:
Freud
  • contenido mental que no se encuentra en la conciencia.
  • es la parte no consciente que sólo puede ser consciente con grandes esfuerzos por parte del sujeto o por medio de la terapia psicoanalítica.
  • En el inconsciente se encuentran los deseos, instintos y recuerdos que el sujeto reprime por resultarle inaceptables, fundamentalmente a causa de sus propias valoraciones morales.
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Freud a lo largo de su obra estableció dos modalidades de inconsciente. El de la primera parte de su vida, que se denomina por los expertos el de la primera tópica, es el inconsciente reprimido ( en esta época la topologia del aparato psíquico se establece en inconsciente, preconsciente y consciente). Y en el de la segunda tópica, o estructural, describe tres instancias: el Yo, el ello, y el superyó. Si la consideración dinámica aportó la primera enmienda ( 1ª tópica), la consideración estructural trae la segunda ( 2º tópica). Ahora Freud se da cuenta de que no todo lo inconsciente coincide con lo reprimido, sino que hay una parte inconsciente que se corresponde con representaciones psíquicas, y que están en el campo intermedio, aflorando a través de lo preconsciente. De hecho hay una parte del yo que es seguramente inconsciente (pga. 19 del Yo y el Ello. Tomo XIX. Amorrortu Editores).
¿Qué es lo que permite dar cuenta de la existencia de lo Inconsciente?. Por un lado, los  actos fallidos (acciones aparentemente desprovistas de sentido por ser contrarias a la intención de la persona que las realiza); por otro, las confusiones verbales o lapsus lingue”; junto con los sueños, todas estas manifestaciones que ocurren en la vida cotidiana a las personas, son el testimonio del funcionamiento inconsciente.
¿Mediante que leyes se regula ese funcionamiento inconsciente? Por medio de la condensación (contenidos psíquicos diversos se unen en una sola apariencia) y el desplazamiento (trasladar a otros escenarios aparentemente desconectados del original la representación de un suceso o acontecimiento).
Más tarde Lacan, en base a ese punto de partida de las representaciones inconscientes, descubiertas por Freud aportará una nueva definición para el Inconsciente al decir que está estructurado como un lenguaje (Lacan), pero no quiere decir un lenguaje cualquiera, sino el que se produce en el campo del psicoanálisis y que se instala en las denominadas fantasías inconscientes (cuando el sujeto dice, no sabe el sentido inconsciente de lo que dice). El usa otros términos diferentes a Freud para establecer las leyes del funcionamiento inconsciente que son la metáfora y la metonimia, equivalentes en Freud a la condensación y el desplazamiento.
Lacan, con Freud, consideran que el ser humano está regido por las pulsiones. A diferencia de los instintos, las pulsiones carecen de objetos predeterminados. ¿Qué quiere decir esto?. Que no son los objetos en sí los que satisfacen la pulsionalidad, los objetos son la excusa para aparentemente producir la satisfacción, pero observamos que cuando hemos conseguido algo que queríamos, vuelve a surgir la pulsionalidad que tiene que ver con lo que llamamos el deseo que es inconsciente y que no puede satisfacerse.
Algunas similitudes del valor de uso y valor de cambio en el funcionamiento inconsciente.
¿Qué aplicaciones tendrían estos conceptos (valor de uso y valor de cambio y plusvalía) al campo del Inconsciente?. ¿Podríamos pensar que para nuestra economía psíquica es más deseable la ganancia que la pérdida?, como le ocurre al capitalista?; ¿o que la tendencia sería solamente tener ganancia y y no pérdida?. Pero ¿ a qué ganancia nos estamos refiriendo en nuestro funcionar psíquico?. Pensemos en cualquier relación con el otro.
Con el funcionamiento del inconsciente podríamos establecer una cierta analogía de acuerdo al valor de uso y al valor de cambio. Veamos por qué. El uso de un objeto, en términos de su utilidad, aparentemente satisfaría una necesidad, sea primaria, como la relacionada por ej: con la alimentación, la ropa, la vivienda; o de índole más sofisticada, como la compra de vehículos, objetos de arte, etc…o de ocio: cine, viajes, lecturas. ¿Se satisface nuestra necesidad?. Parece que por mucho que se usen objetos, cosas, siempre existe un motor, la pulsión, que pide más y más y es como si nunca se acabara de estar satisfecho.
Pensemos en la adquisición de objetos de consumo en el marco de las nuevas tecnologías (móviles, portatiles, con sus sucesivas e innovadoras aplicaciones) con los que los usuarios tienden de manera compulsiva a suplantar, sin casi tregua, a los antiguos por los nuevos de más alta gama.
Si nos trasladamos al campo del amor, al encuentro con el otro, se hacen evidentes – más aún si cabe- los sinsabores y sensaciones displacenteras como efecto de ese intercambio. Lo que se pone de manifiesto es que no es tan fácil satisfacer lo que se esperaba de esa relación. Desencuentros, cuando no rupturas o separaciones, ponen en marcha el dispositivo de la frustración o el intento de nuevas búsquedas para satisfacer el ideal de alter-ego y experimentar felicidad y bienestar. Si como antes hemos dicho hoy se cuestionan los paradigmas de la relación de pareja y se buscan o experimentan nuevos modelos de funcionamiento en el amor … es que tenemos que empezar a pensar que lo que no funciona como esperábamos, es porque algo está en falta, o falto de conseguir.
Si lo extendemos aún más al campo de las relaciones de padres con hijos, la frustración se hace más evidente. De los viejos modelos jerárquicos y autoritarios, se ha pasado a buscar otros en los que el intercambio de ideales de igualdad, comprensión y amistad, comienza a suplantar a los antiguos. Al producirse el borramiento jerárquico, los hijos se “suben a la chepa” de alguno o ambos de los progenitores y se cambian las tornas; los mecanismos impositivos que antes eran ejercidos por los padres, ahora los ejecutan los hijos con sus progenitores a la vez que niegan su autoridad. Pero fuera de este entorno, curiosamente los hijos se muestran vulnerables, desmotivados e inseguros, y en situaciones extremas, violentos; en términos económicos podríamos decir que se han descapitalizado por buscar tanto goce.
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Salgamos de los circuitos familiares y cercanos (endogámicos). Y abramos la puerta a lo desconocido, extraño o extranjero. Es lo que ocurre con los diversos enfoques hacia la emigración, las creencias religiosas, las ideas políticas. O con las etnias y culturas tan diferentes con las que nos encontramos tanto dentro de nuestro territorio como cuando viajamos fuera de nuestro país. En todo ello se palpa la diferencia. Y los resortes de la diferencia ponen en marcha mecanismos de intoleracia. El mito de la igualdad o mejor de lo único se resquebraja.
Llegados a este punto a dónde nos conduce esta disquisición?. Los objetos, tanto materiales, como objetos persona, podemos catalogarlos como valores de uso. Se usa de los objetos para gozar ( en terminología lacaniana); o de las personas para cumplir con la ilusión de completud, de que no haya fallas en el encuentro con el otro o que no falte nada. Esto es, donde pudiéramos imaginar un borramiento de la diferencia. Misión imposible. ¿Entonces?…Pero si al otro le ocurre otro tanto…!!. No nos queda pues más remedio que si queremos obtener algún beneficio del otro tenemos que renunciar a conseguir el todo. Y obtener solo algo del otro. Y ya estamos en el terreno de la transacción o ‘change’, o dicho en los términos usado por Marx, valor de cambio. En la medida que podemos proceder así nos ponemos en menos pero para reforzar nuestra propia capitalización o valor (de cambio), para ir acumulando más pluses (+++…).
Son pluses que se instalan como reminiscencias de la ilusión de poder usar a los objetos o personas a nuestro antojo; ahora ya no podemos proceder así, el otro se nos instala como impedimento a nuestra completa satisfacción. Igual que los objetos de consumo nos la impiden y por eso se intenta buscar otros nuevos, salvo que aquí no opera el otro como transacción. La transacción en cierta medida implica una renuncia a algo de nuestro deseo de completud y obtener un “pequeño” que nos alivia del fracaso de no tener el todo.
En otro orden de cosas y ya refiriéndonos a la plusvalía, y su similitud con el funcionamiento del deseo inconsciente, podríamos decir que ese plus de más del lado del capital, se corresponde con los pluses de capitalización en el encuentro con el otro. La renuncia a nuestros deseos de unicidad con el otro nos permite capitalizar, pero no gozar en completo, de la misma manera que el capitalista no goza porque tiene que gastarse el capital para reinvertir. Gozaría si se gastase el capital y no invirtiera, pero si procediera de esta manera entonces él en algún momento al quedarse sin nada tendría que comenzar el ciclo de buscar trabajo y volver a ser asalariado. Por otro lado si al trabajador se le propone recuperar la plusvalía se le incita a ser capitalista y se produce el borramiento de la dialectica del amo y el esclavo.
Esta es la paradoja de la plusvalía en el terreno del capital y del deseo inconsciente del sujeto humano. Son situaciones utópicas. Ni se puede beneficiar el capitalista en el sentido del disfrute total, ni se puede satisfacer el deseo como fantasía de completud. Siempre hay ganancias y pérdidas para que el proceso continúe. Se dirá,… si, si, pero ¡anda que como viven los capitalistas!!… Claro que llevados a extremos del mal uso del capital nos encontramos con los perversos capitalistas y abusadores, del mismo modo que hay perversos y abusadores en el intercambio de las relaciones personales ( de pareja, de trabajo, paterno filiales, etc) pero no por ello podemos dejar de pensar que un funcionamiento que intente la coherencia desde la reflexión de las cuestiones planteadas, quizás nos sirvan para pensar en cómo resolver estas contradicciones.
MARÍA SOLEDAD FONTECHA FRESNO